Qué sucedió en la ejecución fallida de Christa Pike y cuán común es que la inyección letal no funcione en EE.UU.

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Este artículo contiene información que puede resultar perturbadora.
Tras pasar tres décadas en el corredor de la muerte por un brutal asesinato, este miércoles Christa Pika iba a convertirse en la primera mujer ejecutada en el estado de Tennessee en 200 años.
Pero lo que debía ser un procedimiento con una inyección letal derivó en dos dosis y luego en un traslado de urgencia al hospital, para recibir "atención médica vital".
Randall Spivey, uno de los abogados de Pike, declaró este jueves de tarde que ella se encuentra "en estado crítico" y agregó: "No tenemos información sobre su pronóstico ni muchas noticias sobre su estado de salud por el momento, pero sí sabemos que está viva".
Expertos en pena de muerte en Estados Unidos han dicho que el caso de Pike no tiene precedentes.
El protocolo estatal incluso no especifica claramente qué debe suceder si un recluso permanece con vida tras una segunda dosis, según la agencia de noticias AP.
Desde el Departamento Correccional de Tennessee se informó que se "siguió cada paso del protocolo de ejecución legal y establecido del estado, aprobado por la Fiscalía General".
En cambio, los abogados de Pike dijeron que las preocupaciones que tenían sobre este método de ejecución "resultaron ser ciertas".
A Pike se le administraron dos dosis del fármaco pentobarbital. Sin embargo, su equipo legal afirmó que estas no lograron detener su ritmo cardíaco y que aún se la podía oír respirar e incluso roncar luego de recibirlas.
Ahora, la defensa de esta mujer de 50 años instó al gobernador de Tennessee, Bill Lee, quien había rechazado una solicitud de clemencia a principios de la semana, a anularle la sentencia de muerte.
"Tras haber soportado más de 20 años de confinamiento solitario y un intento completo de matarla mediante inyección letal, Christa ha sufrido un castigo mayor que cualquier otra persona en la historia de la pena de muerte estadounidense. El gobernador debe conmutarle la sentencia a Christa ahora mismo", dijo Spivey.
Pike fue condenada a muerte en 1996, cuando tenía 18 años, por un caso que conmovió a la sociedad estadounidense: ella y su novio de entonces, Tadaryl Shipp, golpearon y torturaron hasta la muerte a Colleen Slemmer, de 19 años.
El fallo y la investigación
El presidente de EE.UU., Donald Trump, comentó este jueves que una ejecución como la de Pike no debió fallar, pues consideró "no debería ser muy difícil".
De hecho, la inyección letal es el método de ejecución más común en Estados Unidos.
No obstante, también es el que resulta en más ejecuciones fallidas o altamente problemáticas.
El gobernador ordenó una investigación independiente y la suspensión de las ejecuciones programadas en Tennessee durante el resto del año.
"Nadie quería que ocurriera lo que pasó anoche", dijo Lee este miércoles. "Es una tragedia y me perturba profundamente que haya ocurrido en este estado".
Las autoridades aún no han explicado por qué la dosis administrada a Pike resultaron no ser mortales, aunque expertos médicos han planteado sus propias teorías.
Joel Zivot, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Emory —quien declaró a la BBC haber sido contratado por el equipo legal de Pike como experto médico—, afirmó que probablemente el pentobarbital nunca alcanzó en sangre un nivel suficiente como para provocar apnea y fallo cardiovascular.
Y agregó: "Es muy probable que, como consecuencia del retraso en el inicio de la reanimación, sufra una lesión cerebral".
May Martinez, madre de Colleen Slemmer —quien había abogado porque se llevara a cabo la ejecución de Pike—, dijo a NBC News que lo ocurrido había sido "un desastre".
Un coctel de drogas o un solo medicamento
La mayoría de los estados que aplican la pena capital por inyección letal en EE.UU. lo hacen con una mezcla hecha de tres medicamentos.
En este coctel es común el midazolam, un medicamento sedante de la familia de las benzodiazepinas que se utiliza para dejar al ejecutado inconsciente e impedir que sufra.
Se le añaden otras sustancias como bromuro de vecuronio para paralizar los músculos y cloruro de potasio para detener el corazón.
Pero en al menos 10 estados se usa una inyección letal con un solo compuesto, el pentobarbital. Fue el que se usó en el caso de Pike.
El pentobarbital es un sedante potente que ralentiza las funciones corporales, incluido el sistema nervioso. Los médicos a veces lo utilizan para tratar ciertas afecciones, pero en dosis elevadas también puede emplearse para provocar la muerte.

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Tanto la mezcla de medicamentos como el uso exclusivo de pentobarbital han causado controversia.
En el caso de este último, su uso en inyecciones letales volvió a ser objeto de escrutinio el año pasado, después de que una revisión del gobierno federal de EE.UU. —realizada durante la presidencia de Joe Biden— planteara dudas sobre la posibilidad de que el fármaco causara "dolor y sufrimiento innecesarios".
"Este intento fallido es el peor que hemos visto y no se parece a ninguna otra ejecución fallida de la era moderna", dijo a la agencia AFP Robin Maher, directora ejecutiva del Centro de Información sobre la Pena de Muerte (DPIC, por sus siglas en inglés).
El centro tiene registro de siete reclusos cuyas ejecuciones no pudieron llevarse a cabo porque el personal médico no logró establecer vías intravenosas, pero "Pike es la primera persona en sobrevivir después de que le inyectaran dosis letales de fármacos de ejecución", aseguró Maher.
Advertencias de la defensa
Los abogados de Pike se había opuesto previamente al uso de la inyección letal argumentando que le habría causado sufrimiento innecesario debido al tamaño reducido de sus venas y a una afección sanguínea.
"Conté al menos siete agujas utilizadas solo en su brazo izquierdo, una de las cuales parecía estar doblada cuando se la sacaron del brazo tras un intento fallido" de establecer una vía intravenosa, dijo Spivey.
El abogado Stephen Ferrell señaló que los expertos médicos habían advertido del riesgo de que las agujas se salieran de su lugar o perforaran la vena, lo que provocaría que los fármacos letales fluyeran hacia el brazo de Pike en lugar de hacia el torrente sanguíneo.
"Parece probable que eso haya ocurrido", afirmó.
Periodistas que atestiguaron el intento de ejecución dijeron que Pike le dijo al personal en la cámara que sentía como si su brazo fuera a "reventar".
Spivey aseguró haber visto cómo el brazo derecho de su defendida se ponía morado, especialmente después de la segunda inyección con la dosis letal.
Pike no había tenido miedo a morir, aseguró Ferrell: "Era el miedo a una muerte prolongada, dolorosa y traumática, y eso es lo que pasó, sin contar la muerte".
Según el periódico The New York Post, Pike había solicitado ser ejecutada por un pelotón de fusilamiento compuesto exclusivamente por mujeres, ya que temía sufrir una muerte dolorosa mediante la inyección letal.

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Un sistema con fallos
Organizaciones que se oponen a la pena de muerte han reaccionado a la noticia con firmeza.
Maya Foa, directora ejecutiva de la organización jurídica internacional Reprieve, declaró: "No podemos saber exactamente qué salió mal, ya que gran parte del proceso ocurrió tras el telón; la inyección letal depende del secretismo en todas sus etapas para ocultar la violencia con la que el Estado acaba con una vida humana".
Por su parte, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Turk, declaró en un comunicado: "El sufrimiento prolongado —físico y mental— derivado de los múltiples intentos fallidos de ejecución es abominable y cruel".
Y agregó que el caso Pike demostraba que EE.UU. debía abolir la pena de muerte, tal como lo han hecho la mayoría de los países del mundo.
Las autoridades de Tennessee aún no han comunicado si intentarán ejecutar a Pike nuevamente. Existen precedentes históricos de autoridades que han realizado un segundo intento de ejecución con reclusos condenados a muerte.
En 2022, más de un tercio de las ejecuciones en EE.UU. resultaron fallidas o altamente problemáticas, según el DPIC.

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Se considera que una ejecución es fallida cuando se rompe o se incumple el "protocolo" establecido para un método de ajusticiamiento concreto.
Así, según el DPIC, son aquellas que "implican problemas o retrasos imprevistos causantes de una agonía innecesaria para el recluso, o que reflejan una incompetencia flagrante por parte del verdugo".
Entre los ejemplos de tales problemas figuran, entre otros, que los reclusos se incendien durante la electrocución, que sufran estrangulamiento al ser ahorcados (en lugar de que se les rompa el cuello) o que reciban dosis incorrectas de los fármacos empleados en las inyecciones letales.
El DPIC afirma que la inyección letal presenta la tasa más alta de ejecuciones fallidas, sin distinción en sus componentes.
Por ejemplo, en mayo pasado, las autoridades penitenciarias de Tennessee desistieron de la ejecución de otro recluso llamado Tony Carruthers, tras no lograr localizar una vena adecuada.
Un incidente ocurrido en Oklahoma en 2014 cobró especial notoriedad. La ejecución de Clayton Lockett se suspendió al cabo de 20 minutos luego de que la inyección letal —compuesta por tres fármacos— no surtiera el efecto previsto al romperse una de sus venas, lo que provocó que el hombre comenzara a retorcerse y a sufrir convulsiones incontrolables.

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Múltiples causas
En los últimos años, a los estados les ha resultado más difícil conseguir algunos de los fármacos necesarios para las inyecciones letales, ya que las compañías farmacéuticas se han opuesto al uso de sus productos con tales fines.
Desde diversas organizaciones de derechos humanos denuncian que, debido a que no es sencillo el acceso a los fármacos y a la falta de información sobre su origen, no es posible determinar si los medicamentos usados estaban en buen estado o no.
El Departamento Correccional de Tennessee no ha respondido específicamente al señalamiento de la defensa de Pike de que el pentobarbital utilizado estaba "degradado". Los fármacos pueden degradarse por diversas razones, por ejemplo, si han superado su fecha de caducidad y su potencia ha disminuido.
El departamento defendió su método en términos generales y declaró: "El producto químico utilizado en el protocolo de inyección letal ha demostrado ser eficaz sistemáticamente".
Otra de las causas por las que las ejecuciones con inyección letal fallan es por complicaciones a la hora de proceder y poner vías intravenosas.
Por ejemplo, en febrero de 2024 en Idaho, el equipo de ejecución intentó sin éxito en ocho ocasiones colocar una vía intravenosa funcional a Thomas Creech, tratando de insertar el catéter en sus "brazos, piernas, manos y pies". Tras 58 minutos de intentos fallidos, el director de la prisión finalmente suspendió la ejecución y Creech fue devuelto a su celda.
Los abogados de la organización Idaho Federal Defender Services declararon: "Esto es lo que sucede cuando se asigna a personas desconocidas, con una formación desconocida, para llevar a cabo una ejecución".
En esa misma línea, el DPIC ha denunciado que los estados dependen de fármacos de fuentes a menudo poco confiables y, además, "administrados por personal penitenciario con formación insuficiente, mal preparado para la tarea y que la lleva a cabo amparado en un creciente velo de secretismo".
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