El último gran triunfo de Lula: por qué su victoria en Brasil tiene un valor tan especial para él y la izquierda de América Latina

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En sus 80 años de vida, Luiz Inácio Lula da Silva ha superado arduos retos: nacido en la pobreza, fue electo presidente de Brasil, volvió al poder tras ir preso y sorteó dos tipos de cáncer.
Pero su triunfo electoral en el balotaje presidencial de este domingo es especial incluso para semejante trayectoria.
Lula obtuvo 51,7% de los votos válidos contra 48,2% del derechista Flávio Bolsonaro con casi la totalidad del escrutinio completado, un resultado que le otorga un cuarto mandato que muchos estimaban improbable hace días.
Bolsonaro parecía favorito luego de ganar por casi dos puntos porcentuales la primera vuelta a inicios de este mes y recibir el apoyo de dos de los tres candidatos eliminados con más votos (el otro evitó pronunciarse, pero al ser también de derecha se creía que sus seguidores se inclinarían por el opositor).
Se trata de una remontada histórica para Lula: desde que Brasil instauró este sistema electoral hace casi cuatro décadas, nadie hasta ahora había ganado un balotaje presidencial tras ser superado en primera vuelta.
Su rival también era singular por ser el hijo y heredero político del expresidente de ultraderecha Jair Bolsonaro, quien está preso por intento de golpe de Estado tras ser vencido hace cuatro años por el propio Lula.
Esta votación corta una racha de siete elecciones presidenciales seguidas en América Latina ganadas por candidatos de derecha alineados con el mandatario estadounidense, Donald Trump, desde el año pasado.
"Si había alguien capaz de darle la vuelta a esa situación (electoral) es Lula, cualquier otro líder probablemente no lo lograría", dijo Carolina Pedroso, una profesora de relaciones internacionales en la Universidad Federal de São Paulo.
Lula, uno de los políticos más importantes de la región en este siglo, había dicho que esta sería su última batalla en las urnas. Y el martes también comentó que quiere cumplir un nuevo mandato "histórico" antes de retirarse.
Pero, así como este triunfo tiene ribetes épicos para él, también le presenta retos que nunca tuvo antes.
Un tornero mecánico
Lula nació el 27 de octubre de 1945 en Pernambuco, estado del noreste pobre de Brasil, el séptimo de ocho hijos de un matrimonio de agricultores analfabetos.
Su papá los abandonó poco antes de que él naciera, para trabajar como estibador en Santos, en el estado de São Paulo.
Lula lo conoció recién a los 5 años, cuando regresó a visitarlos brevemente, y poco después también partió con su madre y hermanos a São Paulo.

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De niño trabajó como lustrador de zapatos. Dejó la escuela a los 14 años y antes de los 20 se formó en tornería mecánica, que pasaría a ser su principal ocupación y seña de identidad.
"Si me preguntan si soy de izquierda o derecha, voy a responderles: soy tornero mecánico de profesión, católico por opción religiosa y corinthiano (hincha del club de fútbol Corinthians) por opción futbolística", respondió en 2006 cuando le preguntaron sobre su ideología, siendo ya presidente.
Se destacó como líder sindical metalúrgico en la dictadura militar y fundó el Partido de los Trabajadores (PT), la mayor fuerza latinoamericana de izquierda.
En 2003 se volvió el primer exobrero en llegar a la presidencia de Brasil, en su cuarto intento.
Sus dos primeros mandatos llamaron la atención mundial por los programas sociales que sacaron a millones de brasileños de la pobreza, redujeron el hambre y la desigualdad en medio de un boom de precios de materias primas, y guiaron a otros gobiernos de izquierda.
Universidades alrededor del mundo lo distinguieron como doctor honoris causa y en 2009 el entonces presidente estadounidense, Barack Obama, lo definió como "el político más popular del mundo".

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A diferencia de algunos líderes de izquierda latinoamericanos que evitó criticar con firmeza, Lula respetó las reglas democráticas y en 2011 entregó la presidencia con más de 80% de aprobación a quien eligió como candidata a sucederlo, su exministra Dilma Rousseff.
Pero en los gobiernos del PT también surgieron escándalos de corrupción.
El propio Lula pasó 19 meses preso entre 2018 y 2019, debido a una condena por el megacaso de sobornos Lava Jato que luego anulada por errores procesales y falta de imparcialidad del juez.
Volvió al poder en 2022, en lo que él mismo llamó una "resurrección" política, aliado con sectores de centroderecha ante los temores a una deriva autoritaria del entonces presidente Jair Bolsonaro, el drama de una crisis económica y una pandemia devastadora.
Brasil recuperó desde entonces normalidad y crecimiento económico, aunque sin las altas tasas de los primeros mandatos de Lula y con niveles preocupantes de endeudamiento público y familiar.
El gobierno volvió a conseguir avances sociales, como la caída de la pobreza y del desempleo, incluso a niveles menores que en los primeros mandatos Lula, a costa de un creciente deterioro fiscal.

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Pese al desgaste del poder, Lula ha mantenido altos niveles de apoyo en las clases populares.
Antes del balotaje, apeló a esa base electoral con aumentos y adelantos de pagos de Bolsa Familia, su programa social insignia, y con una ley aprobada para reducir la semana laboral de seis a cinco días.
A punto de cumplir 81 años este martes, Lula sacó con esas y otras medidas otro conejo de la galera y revirtió una elección que, incluso en sus filas, muchos daban por perdida tras la primera vuelta.
"Muy complicado"
El triunfo de Lula hace que el mayor país de América Latina contenga el rápido avance de la derecha política en la región.
Esta es la primera elección presidencial que gana la izquierda en Latinoamérica desde que Trump volvió a la Casa Blanca el año pasado: en Colombia, Perú, Costa Rica, Honduras, Chile, Bolivia y Ecuador, triunfaron candidatos conservadores.
Varios de esos y otros mandatarios de la región, como el argentino Javier Milei o el salvadoreño Nayib Bukele, pertenecen a una nueva derecha radical que combina medidas de mano dura en seguridad, liberalismo económico y alineamiento con EE.UU., en las antípodas de la izquierda.
Trump ha buscado aumentar su influencia hemisférica al respaldar a candidatos ideológicamente afines, ordenar operaciones militares directas en la región y formar una alianza seguridad con 14 gobiernos denominado Escudo de las Américas.
Lula es uno de los pocos presidentes lationamericanos que ha enfrentado abiertamente esa ofensiva de Washington.

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"Brasil no cabe en el patio trasero de nadie", dijo ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre, y advirtió sobre "tentaciones hegemónicas" en la región.
Viejos bastiones de la izquierda más radical de la región como Cuba, Venezuela o Nicaragua cayeron en crisis, con gobiernos señalados por graves abusos y acciones de Trump como el bloqueo petrolero de la isla o el arresto del presidente Nicolás Maduro en un ataque a Caracas.
Ya sea por este contexto externo, las restricciones presupuestales domésticas o la formación de un Congreso con mayoría de la derecha, los expertos ven escollos inéditos para Lula en el mandato que iniciará el 1 de enero.
"Los partidos de derecha contarán con un mayor número de diputados, y hoy tienen claro que pueden fortalecerse y mantenerse como una alternativa de gobierno muy sólida", dice Magna Inácio, una profesora de ciencia política en la Universidad Federal de Minas Gerais, a BBC Mundo.

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"Eso implica no solo que el gobierno tendrá mucho trabajo por delante, sino también amenazas constantes de juicio político", agrega.
Edgar Franco-Vivanco, un profesor de ciencias políticas que dirige el Centro de Elecciones de América Latina de la Universidad de Michigan, coincide en que Lula "va a tener un gobierno muy complicado".
A eso se suma el desafío físico que requiere gobernar un país de tamaño continental para un octogenario que ya superó un cáncer de laringe en 2011, y otro de piel extirpado de su cuero cabelludo este año.
Lula ya tiene un lugar asegurado en la historia.
Pero, si es cierto que los gobernantes suelen ser más recordados por su salida que por su entrada a escena, su último acto también adquiere ahora una importancia peculiar.
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